| Radiografía del alma |
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There are no translations available. 17-04-2010
Radiografía del alma Camilo José Cela Conde
El auge de las neurociencias y, en especial, de los técnicas que permiten obtener imágenes de la activación de redes neuronales cuando se están llevando a cabo procesos de pensamiento, ha llevado a la aparición de disciplinas que sin duda entusiasmarían a Descartes. Son comunes hoy ya la neuroestética y la neuroética, materias que estudian la manera como el cerebro actúa cuando realizamos juicios acerca de la corrección de los actos y la belleza de las imágenes. Se ha añadido más tarde, ayer mismo como quien dice, la neurocrítica, es decir, lo mismo pero aplicado a la literatura. De tal suerte, estamos logrando lo que, llevados por el entusiasmo, podríamos calificar de radiografías de la mente. Cuando comenzaba esa aventura magnífica, Francis Crick, uno de los dos descubridores de la estructura y funciones del ADN, la calificó de "la búsqueda científica del alma".
Semejante paso adelante, que se ha llegado calificar en el New York Times como de camino de salvación para las humanidades, es del todo digno de alegría y aplauso. Pero a condición de que sepamos qué se está haciendo y, en especial, qué es lo que explican los hallazgos. Por lo general, la técnica que se utiliza para obtener la imagen de las áreas cerebrales activadas es la resonancia magnética funcional. Detecta la aportación de oxígeno gracias al flujo sanguíneo, es decir, algo que no tiene que ver en sí mismo con la actividad de las neuronas sino con procesos necesarios para que ésta pueda tener lugar. La diferencia es importante porque, dada la lentitud relativa de la detección de los hematíes que han cedido su oxígeno en el cerebro, del orden de dos segundos en el mejor de los casos, no es posible comprobar directamente qué redes se forman en detalle cuando se realiza una operación como la de apreciar un paisaje. Otro problema, de orden mucho más general, es el de entender qué estamos obteniendo. El estudio de la consciencia como resultado de la activación neuronal ha ido dando paso, a lo largo de las décadas que han pasado desde que Von der Malsburg abrió la caja de Pandora, a un cúmulo de metáforas para explicar cómo se pasa del funcionamiento cerebral a las percepciones mentales, a eso que los filósofos llaman qualia. Un qualia, como el olor del campo tras la lluvia, es por completo personal y, hasta ahora, inabordable. Hace seis años Gerhard Werner, de la universidad de Texas, calificó esas metáforas acerca de la consciencia de cantos de sirena, recordando que la neurofisiología ha de averiguar las propiedades intrínsecas de los sistemas nerviosos. Tiene razón. Pero, a menos que nos volvamos dualistas radicales, son esas propiedades las que nos llevan a percibir el mundo e intentar entenderlo. A su vez, es tarea de la filosofía el aclarar -de a forma que comenzó a hacerlo Kant- qué es y cómo funciona el proceso de conocimiento. Pero no podrá lograrse nunca si no se evalúan, discuten y asimilan los resultados que la neurociencia nos pone al alcance
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17-04-2010